Venezuela, Aragua, 18 de junio de 2013

Topotepuy es la euforia vegetal de los caraqueños

06/06/2012 9:26:30, Publicada en Turismo

Encaramado en El Volcán, con impecables jardines, un bosque húmedo, miles de tucusitos frenéticos y atractivas actividades, los Jardines Topotepuy se convierten en el asombro de quien lo visita por primera vez y el plan especial de quienes ya lo amamos desbarrancados

Cómo llegar. En Caracas, toman la autopista como quien va a Prados del Este, siguen hacia La Trinidad, suben hacia El Hatillo y antes de llegar al pueblo verán un cruce a la derecha que dice Oripoto. Agarran esa carreterita y siguen la vía de El Volcán. Justo en frente de las antenas verán la entrada a los Jardines Topotepuy.

 

Hay que estacionarse en la carretera. Sugiero dar la vuelta y dejar la trompa viendo hacia abajo para que salgan más fácil. Poco a poco. Visitamos los Jardines Topotepuy antes de que abrieran al público. Había mucho temor. Fue el refugio de Kathy Phelps y su marido Billy, ambos amantes desbarrancados de nuestra naturaleza, observadores de las aves, y ella la autora de la más famosa guía de aves que existe en el país.

 

Ahí se escondían a convivir con esos pájaros de los que tanto aprendieron a cuidar su hábitat, a caminar por el único bosque nublado que le queda a Caracas y a ver la capital desde lo alto, sin oír su escándalo. Nadie lo discute. Caracas tiene buen lejos. Abrir este refugio al público no era un asunto sencillo.

 

Pero más pudieron las ganas de compartirlo y conservarlo. Fue así como empezaron a regar la voz con mucha timidez. Una especie de secreto para unos pocos conocedores. El público que fue llegando, repitió, les dijo a los demás y así se fueron llenando los jardines. Pero el sentimiento familiar persiste.

 

La última vez que estuve supe que son sus dueños quienes compran la carne de las hamburguesas, preparan las salsas, cortan las lechugas y buscan los postres. Las pone en la brasa un señor que trabajó 35 años con doña Kathy. Caminan por cada recodo para vigilar que nadie lance basura, se sienten culpables si llueve porque no han podido construir suficientes refugios. Los trabajadores aman su jardín.

 

Es un tesoro personal. Hay sentido de pertenencia. Abundan los dolientes. Donde todo ocurre. Con el tiempo se dieron cuenta de que los caraqueños están ávidos de espacios verdes. Todos requerimos un pulmón adicional. Oxígeno limpio. Cielo sobre la cabeza y verde bajo los pies.

 

Así que a diario hay actividades. Un sábado cualquiera puede haber una charla sobre construcciones ecológicas que dicta el experto ingeniero Aníbal Revollo. Un domingo japonés incluye exposición de bonsais y explicación de cómo se hacen, una clase de ikebana con una señora preciosa y lúcida que demuestra con paciencia cómo hace esos ramos delicados, un experto que prepara sushi y la ricura de tirarse en la grama a comerlo mientras los tucusitos vuelan en frente y la ciudad se desvanece al fondo. Los emocionados de las aves pueden asistir a una charla y sesión práctica de "Conociendo nuestras aves", con los expertos de la Sociedad Conservacionista de Venezuela Audubon.

 

Primero pasean por los jardines para ver los pájaros, luego reciben una charla sobre el tema ­con un refrigerio­ y finalmente una sesión práctica a ver si de verdad aprendieron a identificar los diversos tipos. La más reciente novedad son los cursos de alta cocina que dicta Margarita Ochoa, abogada de profesión, quien resolvió compartir su pasión por los viajes y la gastronomía. Los dictan solamente los miércoles para máximo 20 personas y todo lo que cocinen se degustará en un suculento almuerzo. Para quienes aman la imagen, Leopoldo García, el autor de las fotografías de este artículo, se ocupa de lo que ha llamado "el fotopaseo". Cada quien lleva su cámara ­la que tenga­ y mientras pasean aprenden a ver la luz y la composición: las dos piedras angulares de la fotografía.

 

Andan dichosos por el parque desde las 9:00 am hasta la 1:00 pm, o se puede prolongar si los participantes se empeñan. El plan es que las personas aprendan a usar sus cámaras, se diviertan, dirijan y sean dirigidas en los retratos. Ha sido muy exitoso y, por lo tanto, García lo ofrece a cada rato. Las visitas guiadas siempre están disponibles.

 

Si bien es posible ir a los Jardines sólo a estar, mirar, reposar, leer, pintar, caminar, conversar o participar de cualquier evento especial, muchos se emocionan con indagar los detalles y contratan esta visita. Acompañados de un guía ecológico, hacen un recorrido de tres horas en los que se muestran los tipos de jardines, el módulo educativo, el Bosque de la Virgen y el Conservatorio de Billy y Kathy Phelps. En la mitad hay un recreo para probar una infusión hecha con las hierbitas que se cultivan en los jardines. Cada espacio es impecable. El jardín grita que se siente amado, cuidado y protegido.

 

Por: Valentina Quintero.

 

Fuente: El Nacional.

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